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La arquitectura y la naturaleza como lenguajes universales en Baraka

  • anacamila1388
  • Sep 9, 2025
  • 2 min read

Octavio Paz afirma: “La belleza era el aura del objeto, la consecuencia –casi siempre involuntaria– de la relación secreta entre su hechura y su sentido” (Paz 15). Desde esta perspectiva, la artesanía y la arquitectura no pueden reducirse a lo útil, sino que deben abrirse a la contemplación y a la imaginación. La película Baraka de Ron Fricke propone una visión semejante: la vida humana no se entiende únicamente desde la construcción o la técnica, sino también desde su conexión con la naturaleza y la espiritualidad. La tesis que se defenderá es que en Baraka, la arquitectura no puede separarse de la naturaleza, pues ambas conforman escenarios donde se refleja la vida cultural y espiritual del ser humano. 


En primer lugar, la película presenta la naturaleza como un espacio de contemplación y espiritualidad. Desde las montañas nevadas y desiertos hasta los bosques frondosos y selvas vibrantes, el espectador se encuentra ante paisajes que transmiten grandeza y trascendencia. La música lenta y los silencios prolongados refuerzan esa atmósfera, permitiendo que la naturaleza se experimente como un templo abierto. Imágenes como la de los chimpancés bañándose en aguas termales o las nubes moviéndose rapidamente revelan que la naturaleza no es un simple escenario, sino un protagonista espiritual. Tal como señala Paz respecto a la jarra que deja de ser solo recipiente para convertirse en símbolo, la naturaleza en Baraka se presenta no solo como recurso material, sino como un lenguaje estético que invita a la contemplación. 


En segundo lugar, la arquitectura aparece como una respuesta cultural al entorno natural y espiritual. Templos budistas, mezquitas, iglesias y monumentos muestran cómo las culturas han transformado la necesidad en arte y en símbolo, creando espacios donde lo humano se comunica con lo divino. La música coral, los cantos y los rituales filmados acompañan estas imágenes, reforzando que la arquitectura no es neutral, sino mediación entre lo útil y lo bello. Sin embargo, Baraka también contrasta esta dimensión con la arquitectura moderna e industrial: fábricas, cadenas de producción y ciudades congestionadas. Allí, el ritmo musical se acelera y los sonidos mecánicos sustituyen al silencio contemplativo. La película revela así dos rostros de lo construido: uno que responde a la espiritualidad y otro que refleja la rutina mecánica de la modernidad. 

 

En conclusión, Baraka demuestra que la arquitectura y la naturaleza son lenguajes universales que se entrelazan en la experiencia humana. La naturaleza aparece como espacio de contemplación y espiritualidad, mientras que la arquitectura refleja la manera en que cada cultura responde a esa realidad, ya sea desde lo sagrado o desde lo industrial. Al relacionar estos dos ámbitos, se confirma la tesis: la arquitectura no puede entenderse sin la naturaleza, pues ambas se funden en un mismo gesto estético, simbólico y cultural. Tal como plantea Octavio Paz, el objeto y el espacio no deben limitarse a su función práctica, sino que deben abrirse a la imaginación y al placer de la contemplación. 

 

 
 
 

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