Reflexión
- anacamila1388
- Dec 14, 2025
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La clase de Introducción a la Arquitectura en primer año ha sido un desafío transformador que me ha impulsado a repensar mi enfoque como estudiante. Cada ensayo escrito casi por clase me obligó a conectar teoría con práctica, fortaleciendo mi capacidad para analizar espacios y formas.
El hábito de escribir ensayos semanales mejoró mi observación crítica de elementos arquitectónicos básicos, como proporción y escala. Logré integrar conceptos teóricos en diagramas y bocetos, pasando de descripciones superficiales a reflexiones profundas sobre el diseño inicial. Esta rutina fomentó una disciplina que elevó mi desempeño general, con calificaciones consistentes en proyectos grupales.
Inicialmente, luché con la coherencia en ensayos largos, saltando entre ideas sin transiciones claras, similar a desafíos comunes en escritura reflexiva. La integración de referencias históricas, como las de Snyder en primeros cursos, requirió más investigación para evitar repeticiones. En futuras clases, priorizaré esquemas previos para mantener un arco narrativo fluido.
Los ensayos revelaron que la arquitectura inicia con preguntas esenciales: "¿qué?", "¿dónde?" y "¿para qué?", bases para cualquier proyecto. Esta práctica reflexiva, como en talleres iniciales, estimuló mi pensamiento creativo y comunicación visual. Al final del semestre, me siento más preparado para semestres avanzados, con una visión madura del rol del estudiante en el taller.
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